Madrid, 11 de abril de 2019.-  En muy pocos años, la mayoría de los que a partir de los 65 ya eran considerados como ‘abuelos y abuelas’ será reemplazada por la generación de los ‘baby boomers’, los nacidos entre 1960 y 1975, la generación más numerosa de la historia a la que, cuando les llegue la edad de jubilación, aún les quedará una larga y activa vida, sin olvidar los obstáculos económicos y de salud que tendrán que superar.

  • Además de ser muchos, serán diferentes; tendrán muchas más inquietudes, mejor preparación y gran capacidad de influencia y poder de decisión
  • Este colectivo necesitará de servicios asistenciales adaptados a sus nuevos ciclos vitales: cronicidad, pluripatalogías y dependencia

Esta mañana ha tenido lugar en el Deusto Business School, en Madrid, la Mesa de Diálogo ‘Qué significa hoy envejecer’, organizada por la Fundación Edad&Vida, en la que expertos, asociaciones de mayores y representantes de la Administración reflexionaron sobre cómo será envejecer en el siglo XXI, haciendo referencia a un colectivo cada vez más amplio, diverso y heterogéneo, con características y necesidades muy diferentes.

Se espera que, en 2050, España sea el país más envejecido del mundo, momento en el que casi la mitad de los españoles habrá cumplido más de 65 años. Pero, además de ser muchos, serán diferentes; tendrán muchas más inquietudes, mejor preparación y una capacidad de influencia y poder de decisión nunca conocidas hasta el momento (ya en las próximas elecciones del 28 de abril representan el 24% de los electores).

Un colectivo ingente con una esperanza de vida de 84 años que, en la última etapa de sus trayectorias, necesitará de servicios asistenciales adaptados a sus nuevos ciclos vitales: cronicidad, pluripatalogías y dependencia, todo un reto para la Sanidad y los servicios sociosanitarios (centros residenciales, de día, ayuda a domicilio, etcétera).

La jornada, que tuvo lugar en Deusto Business School, fue inaugurada por el presidente de la Fundación Edad&Vida, Joaquim Borrás, quien manifestó cómo todavía hoy, en algunos ámbitos, no se tiene en cuenta la heterogeneidad del colectivo de las personas mayores: “No se evalúa la situación personal de cada persona, su realidad, sus vivencias, sus emociones o, ni siquiera, sus capacidades”.

La periodista científica Pilar Gil Villar fue la encargada de centrar los contenidos y moderar el debate, en el que también intervino activamente el público, sobre lo que significa envejecer hoy en día en un momento en el que se hace más patente la heterogeneidad y aumento de perfiles y necesidades de las personas tradicionalmente denominadas “personas mayores”.

Contó con la participación de la doctora María Victoria Zunzunegui, profesora honoraria de la Escuela Nacional de Sanidad, que abrió la Mesa de Diálogo sobre cómo será el envejecimiento en el siglo XXI con una ponencia en la que se habló de los diferentes cambios y revoluciones que se han producido en los últimos años y que influyen de manera decisiva en las oportunidades para envejecer de forma satisfactoria y saludable.

“Uno empieza a envejecer cuando nace”. Con esta frase, la doctora Zunzunegui resumía la necesidad de valorar la trayectoria vital de los individuos en la educación, la alimentación, el entorno. “Hay que prevenir el deterioro cognitivo a lo largo de la vida para aumentar y mantener durante más tiempo la reserva cognitiva; y para eso también es necesario invertir en salud”, sentenciaba.

Finalmente, se abrió un diálogo en al que intervino la coordinadora de la Red de Ciudades Amigables con las Personas Mayores OMS-Imserso, Maite Pozo Querol, encargada de explicar cómo en  una comunidad amigable con el envejecimiento, las políticas, los servicios y las estructuras relacionadas con el entorno físico y social de la ciudad se diseñan y reorganizan para apoyar y permitir a las personas mayores vivir dignamente, disfrutar de una buena salud y continuar participando en la sociedad de manera plena y activa.

Por parte de las asociaciones de mayores, el presidente de Ceoma, Juan Manuel Martínez Gómez, hacía referencia a la carta que han enviado a los presidentes de las distintas fuerzas políticas con las reivindicaciones de los mayores, un colectivo que, según sus palabras, “en 2016 gastaron 115.000 millones de euros”. Para el presidente de Ceoma, “hay que prepararse para la jubilación desde la escuela. Es la única forma de que se pueda saber qué es el envejecimiento biológico y psicológico y, de esta forma, prevenir el edadismo”.

Por último, el director del Deusto Business School y coautor del libro “La revolución de las canas”, Iñaki Ortega, manifestó que España todavía no está preparada para la revolución que supone la realidad demográfica. “Todo ha cambiado de repente y las estructuras son muy rígidas, incluidas las económicas. Hacen falta iniciativas, públicas y privadas, de servicios inclusivos de salud, ocio, educación, tecnología, urbanismo… de ‘smarthomes’”, señalaba.

La Fundación Edad&Vida celebrará el jueves 11 de abril  una nueva edición de las Mesas de Diálogo sobre los nuevos significados del envejecimiento.  El acto tendrá lugar en horario de 10.00 a 14.00 horas en la sede de Deusto  (Calle Castelló, 76)  Accede al programa / inscripción 

Las Mesas de Diálogo de Edad&Vida nacen con el objetivo de reunir en un foro donde estén representadas todas las opiniones y puntos de vista, aquellos temas de mayor actualidad en el ámbito de las personas mayores.

La conferenciante principal será la Dra. María Victoria Zunzunegui, profesora honoraria de la Escuela Nacional de Sanidad, que presentará una ponencia en la que se hablará de los diferentes cambios y revoluciones que se han producido en los últimos años y que influyen de manera decisiva en las oportunidades para envejecer de forma satisfactoria y saludable.

Posteriormente, la conferenciante participará en un debate con la moderadora del acto, la periodista científica Pilar Gil Villar, y con la intervención del público sobre lo que significa envejecer hoy en día en un momento en el que se hace más patente la heterogeneidad y aumento de perfiles y necesidades de las personas tradicionalmente denominadas “personas mayores”.

Finalmente, tendremos una conversación en la que querríamos analizar si la sociedad actual está preparada, o al menos preparándose, para el reto que supone la longevidad. Así, en primer lugar, contaremos con Maite Pozo Querol, coordinadora de la Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores de la OMS-IMSERSO; Juan Manuel Martínez Gómez, presidente de Ceoma; e Iñaki Ortega, director de Deusto Business School.

El programa está dirigido a todos aquellos profesionales que, en su día a día, se dedican al análisis de la realidad de las personas a medida que envejecen y al diseño y reflexión sobre las diferentes políticas e iniciativas dirigidas a mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen.

 

Josep Maria Via es el presidente del Comité de Programa del VII Congreso Dependencia y Calidad de Vida que tendrá lugar el 29 y 30 de octubre. Doctor en medicina, máster en gestión de servicios sanitarios y diplomado en gestión hospitalaria, el doctor Via, asesor de la Fundación Edad&Vida, ha sido directivo del Institut Català de la Salut y del Servei Català de la Salut entre 1984 y 1994. Entre 1997 y 2000 ocupó el cargo de secretario de Gobierno y de Relaciones con el Parlament de Catalunya. Asimismo, ha trabajado como consultor de gobiernos y empresas privadas del sector salud en países de Europa, América y África y ha sido profesor en EADA, ESADE y la UOC y profesor colaborador de la Universidad de Montreal, en Suiza y en Italia.

P.- En un país con una de las mayores tasas de envejecimiento del mundo y sus consecuencias: cronicidad, pluripatología y aumento de la dependencia, ¿se puede afirmar que la Sanidad se está desarrollando pensando también en las personas mayores?

R.- Los sistemas de salud, por la vía de los hechos, constatan día si y día también que el dispositivo asistencial, que fue concebido para atender personas jóvenes con patologías agudas, ha quedado desfasado frente a una epidemia de pluripatología crónica, de cronicidad, que afecta a una población mayoritaria y crecientemente mayor.

Se están produciendo cambios, pero la capacidad de adaptación va por detrás de la realidad. Ni la atención primaria de salud, ni los hospitales, ni siquiera el -por otra parte, excelente- sistema MIR de formación de especialistas, están adaptados a la realidad.

Precisamos menos camas de agudos y más centros sociosanitarios, mayor desarrollo de la atención domiciliaria y repensar la atención primaria de salud adaptándola a la situación demográfica y epidemiológica.

Todos estos temas, sin excepción, serán abordaos en el VII Congreso Internacional de Dependencia y Calidad de Vida.

P.- ¿Cómo afecta esta realidad a la atención sociosanitaria?

R.- Lo primero que hay que señalar es que en España hay un problema grave, consistente en el hecho que bajo el concepto “atención o dispositivo sociosanitario” se esconde una amalgama diversa de servicios sociales más o menos -y mejor o peor- ‘sanitarizados’ y servicios sanitarios para crónicos que, en general, adolecen de un problema grave, no ya de integración, sino simplemente de coordinación.

Excepto en Cataluña, el País Vasco y de forma aislada en otras CCAA, no existe un verdadero sistema integral e integrado de atención sociosanitaria a personas mayores con pluripatología crónica y problemática social asociada que les provoca un grado de dependencia variable.

P.-   ¿Se podría decir que el desarrollo de la atención en centros residenciales es una de las principales debilidades del sistema de cronicidad?

R.- No me atrevería a ser tan contundente. Hay que partir de la realidad. Trato de explicarme. La población, el ciudadano es uno, una unidad no divisible en el sentido de que integra problemas de salud y sociales diversos.

Si este ciudadano vive en una determinada CCAA, la misma persona, vamos a suponer con pluripatología crónica y alto grado de dependencia, puede acabar -previa valoración acorde con la Ley de Dependencia, con más o menos fortuna- en una residencia dependiente de servicios sociales, dotada, mejor o peor, con más o menos coordinación con el sistema sanitario, de atención sanitaria.

Si la misma persona, en lugar de llegar por la puerta de entrada social, entra por la de urgencias hospitalarias o de atención primaria de salud, puede acabar hospitalizada y sometida a un grado de medicalización superior -hasta el punto de poder ser contraproducente- si se compara con la que tendría de haber entrado por el sistema social.

Si accede a través del sistema sanitario, podemos imaginar diversos problemas derivados de los déficits de asistencia social combinados con una excesiva medicalización, cuando no de “encarnizamiento terapéutico”. Es una hipótesis que puede ser real.

Si esta persona vive en una CCAA que ha entendido que la persona es única y ha desarrollado un sistema sociosanitario integrado de verdad, las posibilidades de ser atendido en un recurso óptimo aumentan.

El problema es que la organización social y sanitaria, cada una por su cuenta, se impone a la realidad de la unicidad de la persona y su problemática, empeñándose en que la persona se adapte al sistema y no al revés, como debería ser.

En España a cualquier servicio para mayores se le puede acabar etiquetando de “sociosanitario”. En nuestro Congreso vamos a traer experiencias de distintos países que has desarrollado de verdad sistemas integrados sociales y sanitarios de atención a mayores con pluripatología crónica y dependencia y problemática social diversa asociados. Es difícil que exista de verdad un sistema sociosanitario sin adaptación de la atención primaria de salud a la cronicidad y al envejecimiento, y sin reconversión de hospitales de agudos y de centros residenciales sociales.

P.-   ¿Además del aumento de la longevidad, cómo va a afectar al cuidado de los mayores  la reducción del tamaño de los hogares, las formas de convivencia, los roles de género, etcétera?

R.- De muchas maneras. Podríamos detallar una lista inacabable de consecuencias de estos cambios. Me limitaré, como ejemplo, a citar un problema grave que afecta a los mayores y agrava su situación personal, emocional, social y de salud, que es el de la soledad no deseada en los últimos años de la vida. ¡Terrible¡

P.-  Si poder disponer de una historia clínica común y compartida entre Primaria y hospital es un beneficio innegable, ¿no sería conveniente incluir también la información de la atención recibida en el sector sociosanitario? ¿Qué habría que articular para compartir esa información?

R.- Debería existir una historia única social y sanitaria accesible desde todos los niveles asistenciales sociales y sanitarios. El personal de enfermería y trabajo social también deberían incluir sus valoraciones en la historia.

P.-  El actual modelo de atención a la dependencia está soportado en gran medida por las redes familiares (el cuidado informal sigue representando actualmente alrededor del 80% del cuidado recibido por las personas mayores). ¿Hay actualmente alternativas a este modelo?

R.- Modelos hay muchos. El problema es cuando por falta de recursos se recurre a sistemas de cuidados no profesionales que pueden entrañar riesgos para el mayor. Peor aún cuando los modelos obedecen a razones electorales. Existen dudas razonables sobre el sentido real de retribuir a cuidadores informales…

Admitiendo la posibilidad de formar mínimamente a los cuidadores informales, lo primero es establecer los límites de lo razonable en cuanto a no confundir el cuidado informal y creer que puede substituir al cuidado profesional cuando este se precisa.

Personalmente -es mi opinión solamente- no soy partidario de promover un sistema de “rebajas”, consistente en mal pagar a cuidadores informales que, de otra forma, no optarían por cuidar a personas mayores, para ahorrar en el desarrollo de un verdadero sistema integral e integrado de atención sociosanitaria que, lógicamente, incluya cuidados a domicilio para las personas que puedan y/o rechazando voluntariamente el ingreso, decidan permanecer en casa.

A partir de aquí es distinto que un familiar, vecino, amigo o personal voluntario, emocionalmente o por compromiso personal decida cuidar de un mayor; a que mal pagando a alguien sin alternativas laborales construyamos un sistema pseudoprofesional con pocas probabilidades de compromiso emocional adicional.

P.-   ¿Los centros residenciales deberían ser acreditados por Sanidad y por Servicios Sociales como centros de atención sociosanitaria o de atención intermedia?

R.- Sí, sin duda y con toda contundencia. Incluyendo por supuesto los servicios de atención domiciliaria y, eventualmente, la calidad de los servicios prestados por cuidadores informales si reciben recursos públicos. Ningún cuidado que no se provea con un estándar razonable de calidad debidamente acreditado, puede ser financiado públicamente ni debería ser ofertado ni pública, ni privadamente.

P.-  ¿Se debería promover un modelo de acreditación sanitario y social para los servicios de atención a la cronicidad y a la dependencia por grados de dependencia, orientado a resultados y a la calidad de la atención?

R.- Es incomprensible e inaceptable el no hacerlo.

P.-  ¿Cuál es su opinión acerca de la asistencia farmacéutica que se presta a las personas residentes en centros residenciales?

R.- Los usuarios de los centros, al estar en régimen de atención domiciliaria, dependen de un médico de Atención Primaria del sistema público de salud. No obstante, gran parte de los centros residenciales y sobre todo los de mayor tamaño, disponen de médicos contratados que son quienes atienden directamente a estos usuarios, pero no pueden realizar la prescripción de los medicamentos y productos sanitarios y dietoterápicos necesarios, en las recetas del servicio autonómico de salud, a la que los usuarios tienen derecho, ya que no disponen del talonario oficial de recetas correspondiente o de su equivalente informatizado (receta electrónica) y por tanto, es el médico de Atención Primaria quien realiza la prescripción en la receta oficial en el Centro de Salud, a instancias del médico del centro residencial.

Esta situación explica la existencia de varias líneas de mejora que potencialmente podrían incidir muy positivamente en la gestión farmacéutica en los centros residenciales, dicho de otro modo, hay mucho margen de mejora dentro de los límites establecidos en el RDL 16/2012 y la normativa sanitaria de aplicación.

P.-  ¿Se puede decir que los principales grupos residenciales españoles han implantado en sus centros un modelo de atención integral centrada en la persona, que promueve la autonomía personal y potencia las capacidades de los residentes, respetando sus deseos y preferencias sobre cómo quieren ser cuidados?

R.- No me siento cómodo con las generalizaciones. Tenemos buenas empresas en el sector que acostumbran a ser más eficientes que los centros públicos organizados en base a modelos funcionariales burocráticos. Pero… “de todo hay en la viña del señor”

P.-  Con respecto a la atención al final de la vida, ¿cuál es la situación de la atención paliativa que se presta en los centros residenciales?

R.- Si por centros residenciales entendemos centros de servicios sociales más o menos medicalizados, pocos tienen atención paliativa o atención paliativa adecuada. A menudo deben desplazarse a centros hospitalarios -o a verdaderos centros sociosanitarios- con los consiguientes costes asociados, que son enormes.

Si, como decíamos, el mismo paciente tiene la suerte de estar en una CCAA con centros sociosanitarios -no residenciales, sociosanitarios, que es distinto- normalmente dispondrán de atención paliativa. Remárquese que en una misma CCAA sin buena coordinación social y sanitaria, el mismo paciente tributario de atención paliativa, según la puerta de entrada puede ir a parar a un entro residencial sin atención paliativa o a un centro sociosanitario que si la tenga.

De todos modos, en España existe un déficit de unidades de cuidados paliativos y de formación de los profesionales dedicados a esta actividad. En 2016, en España murieron 410.611 personas. De estas, 307.958, o sea 75%, precisaban atención paliativa y 126.269 cuidados paliativos especializados. De estos últimos, solamente 74,469, es decir el 59% aproximadamente pudieron acceder al servicio.

El tema no es menor. En especial cuando se plantean cuestiones como la eutanasia. Me parece poco adecuado plantear este tema sin tener antes garantizado que el 100% de las personas que precisan cuidados paliativos especializados tienen acceso a ellos. No es lo mismo “vivir la agonía rabiando de dolor” que tenerlo adecuadamente paliado y controlado a la hora de adoptar decisiones tan críticas.

P.-  Por lo que respecta al VII Congreso Dependencia y Calidad de Vida, ¿cuáles serán los principales ejes de esta edición?, ¿qué destacaría del programa?

R.- Para que el Congreso siga siendo de referencia en España en los ámbitos de atención social, sanitaria y, en definitiva sociosanitaria integrada, a mayores con pluripatología crónica y dependencia en mayor o menor grado, hay que recurrir a experiencias de éxito y presentar resultados. Este es nuestro empeño y para ello hemos seleccionado excelentes iniciativas y expertos nacionales e internacionales para presentarlas.

Además de la conferencia inaugural en la que alguien tan relevante como el Dr. Rafael Bengoa, nos actualizará la situación en España, nos centraremos en experiencias de éxito españolas y extranjeras (contarnos con experiencias de Canadá, Reino Unido, Holanda, Estados Unidos…), pondremos énfasis en la atención domiciliaria, en la acreditación y en la evaluación de la calidad asistencial.

Abordaremos también la situación especifica española de cómo desde el sector residencial (muy extendido en nuestro país) nos podemos aproximar a una verdadera atención sociosanitaria. Y también propuestas concretas y evaluadas de adaptación de la atención primaria a la realidad demográfica (envejecimiento) y epidemiológica (cronicidad).

Dedicaremos un módulo a la iniciativa “Ciudades compasivas o cuidadoras” presentando experiencias británicas y españolas y, además, abordaremos cuestiones relacionadas con uso de medicamentos y productos sanitarios, alimentación y nutrición y recursos para las personas mayores para financiar sus necesidades.

Web del VII Congreso Dependencia y Calidad de Vida

Madrid, 1 de marzo de 2019.

El patronato de la Fundación Edad&Vida se ha reunido en un acto privado con la secretaria de Estado de Servicios Sociales, Ana Lima, para trasladarle su visión acerca de los principales retos que conlleva el progresivo envejecimiento de la población y recordarle la necesidad de un modelo de gestión que tenga en cuenta los cambios que se avecinan, entre ellos, un incremento importante de la cronicidad, la pluripatología y las situaciones de dependencia.

El encuentro se enmarca en la línea de actividad de diálogo y relación con las Administraciones llevada a cabo desde hace años por Edad&Vida en todo lo referente a la mejora de la calidad de vida de los mayores. En este caso, el contenido central de la reunión ha sido el hecho de que la Secretaría de Estado de Servicios Sociales, como tal y a través del IMSERSO, articule la participación de la Administración General del Estado en el sistema para la Autonomía y Atención a la  Dependencia.

El  patronato de la Fundación Edad&Vida considera que cualquier propuesta reorganizativa que permita mejorar la atención sociosanitaria y la calidad de vida de las personas que viven en los centros residenciales debería contar con iniciativas legislativas solventes y consensuadas, integrar la colaboración público-privada, y disponer de un gasto eficiente de los recursos, entre otras cuestiones.

Para Edad&Vida, la solución se ha de encontrar en una necesaria coordinación e integración de los servicios sociales y de los servicios sanitarios, aprovechando la posibilidad de combinar adecuadamente los recursos sociales y los sanitarios que sirvan para garantizar la calidad de la atención prestada y mejorar la calidad de vida.

Pie de foto: La secretaria de Estado de Servicios Sociales, Ana Lima, flanqueada (de izda. a dcha.) por el presidente de la Fundación Edad&Vida, Joaquim Borrás; el presidente del Comité de Programa del VII Congreso Internacional Dependencia y Calidad de Vida, Josep María Via; Fernando Enríquez, en representación de VidaCaixa y, al fondo, el presidente del Comité Asesor de la Fundación Edad&Vida, Eduardo Rodríguez Rovira

Pensionistas de toda España, coincidiendo con la celebración este lunes del Día Internacional de las Personas Mayores, volverán a tomar las calles para reivindicar el futuro de sus jubilaciones. Consenso, transparencia y solidaridad intergeneracional son, según la Fundación Edad&Vida, algunas de las claves para alcanzar un acuerdo que garantice el poder adquisitivo y el valor de las pensiones a largo plazo.

El Gobierno admitía la semana pasada que el actual sistema de la Seguridad Social sólo es viable para los próximos diez años. “Se ha de conseguir establecer las fuentes de financiación que posibiliten eliminar el déficit de la Seguridad Social, estimado en más de 18.000 millones de euros en 2017”, puntualiza Edad&Vida.

Todos los expertos coinciden en que alcanzar el equilibrio financiero de la Seguridad Social implica crear más y mejor empleo, con mayores remuneraciones, además de introducir nuevas reformas que permitan mejorar los ingresos del sistema y reducir los gastos. De momento, la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, ya ha adelantado que utilizarán el Fondo de Reserva de la Seguridad Social para hacer frente a parte de la paga extraordinaria de diciembre de los pensionistas.

Desde Edad&Vida, a partir de un debate constructivo entre las asociaciones de personas mayores y los representantes del pacto de Toledo de las formaciones del PP, PSOE, PODEMOS y PdeCAT, se reclama volver al consenso y que se apueste por la transparencia.

Para Mª José Abraham, directora general de Edad&Vida, “la economía debe mejorar para que crezcan la inversión en formación y salarios, especialmente los de los jóvenes, quienes serán los que soportarán el peso del coste de las pensiones futuras, los garantes del sistema y de la solidaridad intergeneracional”, añade.

DESEQUILIBRIO DEMOGRÁFICO

En opinión de la Fundación Edad&Vida, cualquiera de las fórmulas que se elijan deberá tener en cuenta el aspecto demográfico, esto es, el incremento de la esperanza de vida, y sus consecuencias. Según datos del Padrón Continuo (INE) hay casi nueve millones de personas con 65 y más años, es decir más del 18% del total de la población. Además, los octogenarios ya representan el 6% de toda la población española, un grupo que seguirá ganando peso en los próximos años.

Según pronostican en el ‘Informe Envejecimiento en Red 2017’, del CSIC, en 2066 habrá más de 14 millones de personas mayores. “Tendremos más pensionistas y cobrarán durante más tiempo, por tanto, la necesidad de recursos será mayor. También lo será reforzar un nuevo contexto sociosanitario que permita hacer frente a la cronicidad y a la dependencia resultantes de esa población más envejecida, profesionalizar a los cuidadores e invertir en investigación”, explican desde la Fundación Edad&Vida.

SOLUCIONES FINANCIERAS ADAPTADAS

Además de las acciones emprendidas por el Ejecutivo para hacer frente al reto que supone el incremento de la esperanza de vida, la Fundación Edad&Vida sugiere que las entidades financieras y aseguradoras deberán desarrollar soluciones y productos innovadores que permitan maximizar el ahorro/patrimonio en la etapa de la jubilación para adaptarse a la longevidad de las personas y a las potenciales situaciones de dependencia.

De este modo, transparencia, incentivos para el ahorro y envejecimiento activo son “tres claves fundamentales que no pueden pasarse por alto”. “Es muy importante que los ciudadanos tengan información de la pensión que van a percibir en el momento de su jubilación y puedan valorar la necesidad de tomar medidas complementarias con la antelación suficiente”.

Asimismo, Edad&Vida sustenta la necesidad de que los ciudadanos que están en etapa activa estén formados financieramente. “Han de ser conscientes de la necesidad de ahorrar a largo plazo y empezar a hacerlo lo antes posible”. “La Administración debe realizar un esfuerzo por formar financieramente a la ciudadanía, desde la juventud hasta la jubilación, para que puedan tomar las decisiones económicas adecuadas”, detallan.

Además, desde la Fundación Edad&Vida inciden en que el envejecimiento activo debe comenzar a formar parte de la cartera de las distintas administraciones, empresas y la sociedad, en general. “Llegar a una edad adulta en las mejores condiciones económicas, psicológicas y físicas deberá ser prioritario para los ciudadanos y para el conjunto de la sociedad, especialmente para la Sanidad y la Economía, ya que el grueso de la población estará constituido por personas mayores”, concluyen.