En esta sesión se presentaron los efectos y resultados que los nuevos modelos de alojamiento para personas mayores tienen en su bienestar y calidad de vida.

En este sentido, Jeremy Porteus, director gerente de Housing LIN Ltd y del Plan Nacional Lead for Housing del Ministerio de Sanidad de Inglaterra, trató los nuevos modelos colaborativos de vivienda y atención para las personas mayores en Inglaterra. En este sentido, se estima que para 2030 haya un déficit de 400.000 nuevas viviendas construidas especialmente para las personas mayores y añadió que el gobierno está poco preparado para el envejecimiento.

Actualmente, existe un movimiento creciente a favor de más viviendas dirigidas a las personas mayores, diseñadas y construidas de acuerdo con estándares de diseño totalmente accesibles y adaptados. Sin embargo, en muchos lugares siguen siendo opcionales y no un requisito, a pesar de que más del 30% de la población local, en Inglaterra, está en edad de jubilarse.

Por su parte, el arquitecto y gerontólogo de la Asociación Jubilares, Javier del Monte Diego, centró su conferencia en los criterios de diseño de las viviendas y del entorno de la misma. La principal conclusión de esta ponencia es que es imprescindible observar para descubrir aquellas estrategias y características propias que faciliten la satisfacción de las necesidades personales y conseguir de esta manera optimizar los niveles de autonomía, independencia y calidad de vida de las personas. Así, un entorno residencial será la “vivienda adecuada” si cuenta con suficiente versatilidad o capacidad de adaptación a las diferentes situaciones de la persona. En una situación de interdependencia con la vivienda, se defiende su diseño y/o transformación para que sea accesible, segura, próxima a un entorno comunitario, favorecedora de las relaciones sociales pero también garante de la intimidad, flexible y versátil para facilitar la adaptación al medio y siempre garantizando el papel protagonista de las personas que la habitan.

Finalmente, Paca Tricio, presidenta de la Unión Democrática de Pensionistas (UDP), reclamó a las administraciones la puesta en marcha de cuantos mecanismos sean necesarios para que las personas con discapacidad y las personas mayores que viven en soledad cuenten con la ayuda necesaria para salir a la calle y no mueran en casa sin que nadie se entere. Además, consideró necesario analizar las características que la vivienda ha de tener para garantizar la máxima permanencia de las personas mayores en su entorno ya que el reto de la dependencia exige reflexionar y tomar decisiones de amplio calado para garantizar derechos y calidad de vida a las personas dependientes y su entorno afectivo y social.

Les recordamos que tienen disponible en la web del Congreso todas las ponencias, pósters, documento de conclusiones e imágenes del evento.

En el contexto actual, los sistemas que atienden la salud y el bienestar de las personas, especialmente de aquellas con mayores necesidades, proponen la integración asistencial como un vector de transformación imprescindible.

Ante este reto, la atención primaria de salud (APS) deviene un nivel asistencial clave, en tanto que es un entorno preferente para la gestión y la toma de decisiones referidas a estas personas. Además, en nuestro país la APS se considera un argumento determinante para que España pueda ser considerada el país más saludable del planeta, según el Bloomberg Healthiest Country Index.

Las ponencias de los Drs. Joan Gené, Tino Martí y Raquel Hernández en el congreso han aportado datos, experiencias y reflexiones muy interesantes (y a la vez controvertidas) sobre la incorporación de la APS a las estrategias de integración.

Martí habló de la Declaración de Astana, adoptada hace un año en la Conferencia Global sobre Atención Primaria de Salud como una apuesta por los sistemas de salud centrados en las personas y orientados a la atención primaria y como estrategia para lograr la cobertura de salud universal y los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) contemplados en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

A su juicio, los sistemas de salud con enfoque en la atención primaria tienen un rol clave para abordar a nivel individual las necesidades holísticas de las personas mayores y la atención orientada a objetivos.

Para Gené, la lógica aconseja repensar la estrategia, abandonar los inefectivos programas territoriales hospitalocéntricos que segregan a los pacientes crónicos para pasar a ofrecer una atención centrada en la persona, su familia, su domicilio y su comunidad.

Por su parte, Hernández habló de la Unidad Funcional de Crónicos (UFC) del CAP Sant Cugat, una nueva forma de organización de los equipos de atención primaria para adaptarlos al envejecimiento de la población, unidad que comenzó en 2012 con la intención de situar al paciente en el centro de la atención, garantizar un control adecuado de síntomas y situaciones clínico-sociales y evitar atenciones en urgencias hospitalarias y hospitalizaciones innecesarias.

De una manera resumida, las lecciones aprendidas en esta sesión de controversias han sido:

  1. A nivel mundial, la OMS sigue considerando la APS como el contexto asistencial clave en el desarrollo de políticas de salud efectivas, satisfactorias, sostenibles y socialmente justas.
  2. No obstante, los planteamientos tradicionales de este nivel asistencial deben ser reconsiderados a la luz de los nuevos retos (demográficos, epidemiológicos, sociales, tecnológicos y económicos).
  3. En este proceso de reconsideración, las propuestas basadas en argumentos dialécticamente impecables deben ser avalados por resultados que confirmen el valor que aportan las propuestas de innovación.
  4. En España, está floreciendo un sinfín de iniciativas donde la APS lidera planteamientos de cambio en contextos de integración asistencial con un aparente impacto positivo en términos Triple Aim.
  5. Así pues, resulta imperativo que predomine el rigor (metodológico y evaluativo) en las propuestas de cambio que asocian APS e integración de la atención.

Les recordamos que tienen disponible en la web del Congreso todas las ponencias, pósters, documento de conclusiones e imágenes del evento.

Esta sesión tuvo como objetivo principal contribuir al debate sobre la situación, a nivel estatal, y papel de los centros residenciales como proveedores de atención y cuidados integrales y especializados a las personas que lo necesitan.

Así, en primer lugar se expusieron las conclusiones de un documento de posicionamiento sobre “atención sociosanitaria y asistencia farmacéutica en centros residenciales” coordinado por Fundación Edad&Vida y elaborado en colaboración con diferentes agentes expertos en el ámbito de la atención sociosanitaria: representantes de sociedades científicas y profesionales, asociaciones de pacientes, prestadores de servicios y proveedores de medicamentos, de productos sanitarios y nutrición enteral.

En dicho documento se defiende que el envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida, junto con el incremento de la cronicidad, la pluripatología y las situaciones de dependencia, tienen una incidencia directa en el perfil de personas que están siendo atendidas actualmente en los centros residenciales para personas mayores en España.

Es necesario el desarrollo de una adecuada red de servicios integrados de atención social y sanitaria en nuestro país: centros sociosanitarios y residenciales, servicios de atención a domicilio y de teleasistencia, que cubran la demanda creciente de atención a estas personas.

Precisamente, en los últimos años, debido al comentado envejecimiento progresivo de la población y a la alta incidencia de enfermedades crónicas y complejas, los centros residenciales están asumiendo una carga de atención sanitaria cada vez más importante, atendiendo a personas con problemas de salud complejos y con niveles de dependencia cada vez más elevados.

En este sentido, en Fundación Edad&Vida impulsamos y coordinamos un proyecto y reunimos en torno a unas mesas técnicas a diferentes agentes expertos en el ámbito de la atención sociosanitaria: representantes de sociedades científicas y profesionales, asociaciones de pacientes, prestadores de servicios, proveedores de medicamentos, de productos sanitarios y nutrición enteral; para analizar la situación actual, detectar y describir los principales retos y proponer posibles soluciones que permitan mejorar la atención sanitaria y la calidad de vida de las personas que viven en estos centros residenciales. Al mismo tiempo, pretendimos dar visibilidad a la atención sanitaria (médica, funcional y farmacéutica) que se realiza en ellos para que se considere como un nivel asistencial intermedio dentro del Sistema Nacional de Salud.

Más en detalle, se ha trabajado en tres mesas centradas en aspectos diferenciales.

En relación a la atención sociosanitaria, las principales recomendaciones son:

  1. Reconocer la atención en residencias como un nivel asistencial diferenciado de la primaria y de la hospitalaria y plenamente integrado en el Sistema Nacional de Salud.
  2. Establecer las herramientas de coordinación necesarias para facilitar el funcionamiento de este nuevo nivel asistencial de forma integrada.
  3. Desarrollo de un modelo de planificación que permita diferenciar los centros según las necesidades sociales y asistenciales.
  4. Poner en marcha estudios científicos robustos que expliciten la carga sanitaria que atienden los centros residenciales.
  5. Visibilizar la labor tanto de los profesionales de los centros como de los que actúan en coordinación con ellos.
  6. Apostar por la especialización profesional, reconociendo la formación específica y especializada, e impulsar la formación continua.
  7. Mejorar las condiciones laborales de los profesionales equiparándolos con los del sistema nacional de salud.
  8. Creación de una estructura real de relación entre hospitales, centros y recursos de atención intermedia (centros sociosanitarios y residenciales) y de atención primaria.
  9. Creación de un marco estatal de acreditación social y sanitaria básico y común que valore positivamente la implantación de protocolos innovadores y garantice la calidad y homogeneidad de la asistencia prestada.
  10. Establecimiento de un modelo de financiación pública mixto vinculado al modelo de planificación de dos tipos de aportaciones en función de la tipología de necesidades que se atiendan en los centros, es decir, del sistema social para las de este tipo y del sistema de salud para las asistenciales.

Sobre la asistencia farmacéutica en los centros, se propone:

  1. Potenciar el desarrollo de servicios farmacéuticos propios en los centros e integrar al farmacéutico dentro del equipo profesional del centro con capacidad para preescribir.
  2. Mejorar los métodos de administración adaptados a las necesidades de los usuarios.
  3. Se debería mantener y/o participar en la capacidad de decisión de proveedores y se tendría que incluir en los concursos un período de prueba.
  4. Además del pago del precio de medicamento, producto sanitario o dietético; se debería evolucionar a uno de sistemas mixtos de pago por servicios profesionales, capitativos o una combinación de ambos, introduciendo nuevas fórmulas de financiación que tengan en cuenta la complejidad de las personas atendidas en los centros residenciales.
  5. Elaborar una guía farmacoterapéutica de los productos a usar en el centro con el fin de seleccionar los idóneos y facilitar la gestión.
  6. Considerar la prestación farmacéutica pública que tenemos todos los ciudadanos como parte de la asistencia sanitaria de modo que esté totalmente financiada.
  7. Desarrollar y formalizar la normativa del depósito de medicamentos ya sea vinculado a una oficina de farmacia o a un servicio de farmacia.
  8. Disponer de existencias controladas de productos farmacéuticos de urgencia, productos habituales y de la medicación personalizada de los usuarios del centro, así como de productos específicos de la atención paliativa.
  9. Establecer un plan de formación continuada y creación de una plataforma integrada por todos los agentes implicados (establecimiento de protocolos, criterios de selección, etc.).
  10. Fomentar la participación de los profesionales sanitarios en estudios de investigación en farmacoterapia y productos sanitarios; y analizar y evaluar, de un modo riguroso, los resultados económicos y sanitarios de experiencias de integración.

Finalmente, en relación a la atención al final de la vida, se recomienda:

  1. Establecimiento de planes asistenciales específicos de atención al final de la vida.
  2. Establecimiento de planes de formación específica en cuidados al final de la vida y exigir una correcta formación de los profesionales.
  3. Implementación de políticas de retención y no rotación del profesional formado.
  4. Mejora de los registros de datos en los que se incluya un ítem que indique que esa persona se encuentra en situación de final de vida y otros condicionantes y variables no meramente sanitarias.
  5. Acreditación de los centros residenciales dotados de recursos de atención paliativa.
  6. Unificar los criterios y establecer, a nivel estatal, guías de buenas prácticas clínicas y protocolos específicos de atención paliativa.
  7. Desarrollar un programa estatal para el apoyo e implantación de la planificación anticipada de decisiones.
  8. Analizar exhaustivamente los modelos asistenciales y de coordinación entre niveles existentes que se puedan considerar como buenas prácticas.
  9. Desarrollar y establecer un sistema de coordinación y comunicación entre todos los niveles para facilitar el acceso a estos productos y facilitar la creación de un depósito específico.
  10. Establecimiento de los mecanismos de acreditación y reconocimiento de los centros y profesionales o unidades específicas de cuidados al final de la vida en los centros residenciales.

Durante el posterior debate intervinieron el director general del Consorci de Salut i Atenció Social de Catalunya y presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, José Augusto García; Fini Pérez Martínez, directora del Departamento Técnico Asistencia de DomusVi en representación de AESTE; y Montserrat Llopis, directora de ACRA y miembro de la junta directiva de CEAPS.

El debate sirvió para refrendar las conclusiones anteriormente expuestas salvo la relativa a la creación de un nivel asistencial intermedio. En este sentido se argumentó que lo realmente importante para ofrecer una atención adecuada es no crear artefactos que acaben fragmentándola más, sino trabajar en la unificación e integración de los servicios para atender todas las necesidades de la persona, sin importar qué nivel o quién los provea, y siempre respetando sus preferencias y deseos.

Les recordamos que tienen disponible en la web del Congreso todas las ponencias, pósters, documento de conclusiones e imágenes del evento.

  • En la mayoría de los casos, y teniendo en cuenta las medidas extraordinarias adoptadas por las autoridades sanitarias, estas personas han fallecido solas, privadas de su entorno afectivo 
  • Desde la Fundación Edad&Vida entienden estos protocolos, pero piden que “puedan ser revisados” teniendo en cuenta la ética y los valores al final de la vida

Barcelona, 22 de abril de 2020.- La Fundación Edad&Vida, entidad dedicada a la mejora de la calidad de vida de las personas mayores, ha pedido que las familias puedan visitar a sus seres queridos en hospitales y residencias de mayores cuando estos se encuentren en sus últimos días para así poder “humanizar” los cuidados al final de la vida y no “dejarles morir solos”.

Esta es una de las reclamaciones que ha hecho pública la entidad teniendo en cuenta el contexto actual en el que se han registrado más de 21.200 fallecimientos en España, de los cuales al menos, más de 14.500 se han producido en residencias a consecuencia del Covid-19.

En la mayoría de los casos, y teniendo en cuenta las medidas extraordinarias adoptadas por las autoridades sanitarias, estas personas han fallecido “solas”, sin el acompañamiento de ningún familiar o entorno cercano. Desde la Fundación Edad&Vida entienden estos protocolos, pero piden que “puedan ser revisados” teniendo en cuenta la ética y los valores al final de la vida.

Y es que, el proceso de dignificar la muerte no es solo recibir cuidados y atención sanitaria en el último momento, significa también intensificar el apoyo emocional del paciente y de la familia, mantener una comunicación con la persona e interesarse por sus necesidades espirituales y sociales. En definitiva, mantener una atención integral que responda de manera efectiva a las múltiples necesidades que presentan las personas en situación terminal.

De hecho, desde la entidad también han hecho alusión al comunicado que la semana pasada publicó el Comité de Bioética Nacional sobre el derecho y deber de facilitar el acompañamiento y la asistencia espiritual a los pacientes con Covid-19 al final de sus vidas y en situaciones de especial vulnerabilidad. En el documento, el Comité coincide con la Fundación Edad&Vida y aboga por reflexionar sobre el modo de facilitar un entorno más compasivo en el morir de estos pacientes y en estudiar el modo de permitir el acceso de, al menos, un familiar, sobre todo, en los momentos de la despedida.

Asimismo, desde la Fundación Edad&Vida han aplaudido la decisión de algunos gobiernos autonómicos como el del País Vasco, Comunidad Valenciana, Baleares o Murcia de facilitar a las familias la despedida de sus seres queridos. En estas comunidades se han elaborado protocolos para dignificar y humanizar el proceso de fallecimiento y poder ayudar a los familiares a superar el duelo.

Por ejemplo, la Región de Murcia ha elaborado un protocolo que establece el tiempo que durará la visita y las condiciones en que se desarrollará y el Gobierno Vasco también valora las visitas a residencias de mayores para acompañar a familiares cuyo fallecimiento es inminente.

En el caso de Comunidad Valenciana se ha diseñado un protocolo de acompañamiento al final de la vida para personas ingresadas en hospitales durante la pandemia por coronavirus. Por su parte, el Govern Balear permitirá que los familiares puedan ver a los enfermos más graves con coronavirus o despedirse de ellos en caso de que fallezcan.

AFRONTAR EL DUELO EN SOLEDAD

Desde la Fundación Edad&Vida aseguran que el hecho de no poder compartir con familiares y amigos el dolor que tienen en estos momentos miles de personas durante la cuarentena, hace que el proceso de duelo se vea afectado y se viva de diferente manera. Asimismo, recuerdan que, ante la imposibilidad de realizar un ritual de despedida, que puede agravar el dolor de estas personas que están pasando por momentos tan duros, es importante pensar que una vez finalice esta situación se podrán realizar estas ceremonias tradicionales que no se han podido llevar a cabo durante el estado de alarma.

Hasta este momento siempre hemos vivido estos momentos en compañía y hoy tenemos que hacerlo solos”, ha apuntado Abraham. “Ahora mismo no podemos celebrar ningún tipo de velatorio, funeral o entierro para recordar en comunidad a esa persona y mostrar nuestro afecto hacia ella y sus familiares, por eso, es fundamental sustituir estas prácticas actuales por otras que tienen el mismo objetivo”, ha subrayado.

Por ello, la entidad ha elaborado una serie de recomendaciones con el objetivo de ayudar a la sociedad a sobrellevar la pérdida de un ser querido, una situación que se agrava al tener que permanecer en casa con motivo del estado de alarma impuesto en España. 

Para más información:

Almudena Pérez  Pedrayo: 600 516 064 / [email protected]

Blanca Ruiz Hervás: 617 43 38 95 / [email protected]

 

 

Llevamos casi 40 días de confinamiento en nuestras casas como medida para evitar la propagación del coronavirus y, por consiguiente, de sus consecuencias. Hemos reaccionado como una sociedad realmente madura al adoptar todas las recomendaciones que nos han ido dando. Incluso hemos supeditado determinados valores culturales al bien colectivo que representa la contención de la pandemia y de sus efectos en nuestro sistema de salud. Hemos tenido claro cuál era nuestro objetivo principal incluso si, de alguna forma, hemos tenido que renunciar a ciertos derechos adquiridos o reordenar la importancia de algunos de nuestros valores sociales.

Así, durante estos días, además de modificar y posponer nuestros rituales de homenaje a las personas que han fallecido, se nos ha prohibido visitar y acompañar a las personas en situación de final vida, impidiendo, de esto modo, su despedida. Partiendo de la absoluta convicción de que las medidas adoptadas eran, no solo necesarias, sino las más oportunas para combatir a la COVID-19, queremos reflexionar sobre esta situación.

Aunque no se trate de un derecho como tal, la posibilidad de que las personas en situación de final de vida estén acompañadas por miembros de su entorno afectivo es un reflejo del respeto y valor que, como sociedad, tenemos de la propia vida y de la dignidad inherente a todas las personas, ¡simplemente por serlo!

Durante estas semanas estamos viendo cómo estas personas se ven privadas de este acompañamiento por parte de sus seres más allegados y deben pasar los últimos días de su vida solas en una habitación de un hospital o centro residencial. Es de justicia reconocer en este punto que, gracias a la excelente labor de los profesionales que están atendiéndolas en esos instantes, no se encuentran realmente solas. Son estos profesionales los que trasladan el cariño de las familias, los que cogen su mano y las tranquilizan, son transmisores de afecto. No obstante, ¿hemos pensado en lo que debe sentir una persona en sus últimos días de vida cuando las únicas personas que ve son caras desconocidas perfectamente equipadas con batas, guantes, mascarillas y gafas?

Como decíamos antes, estamos demostrando ser una sociedad madura, por lo tanto, no podemos permitirnos olvidar la importancia que tienen los cuidados cuando es imposible curar, especialmente en las personas en situación de vulnerabilidad o fragilidad como son las afectadas por el coronavirus. En Edad&Vida consideramos que es más necesario que nunca defender la humanización de los cuidados para que ninguna persona se sienta abandonada, especialmente aquellas que están sufriendo.

De esta forma, creemos que es el momento de reflexionar sobre estas restricciones. No se debe olvidar que el centro de todas las medidas y acciones que se tomen durante la gestión de la pandemia tienen que ser las personas afectadas y en riesgo. Esto implica ser capaces de armonizar las medidas más restrictivas para evitar la propagación del virus y las necesidades concretas de cuidados de las personas más vulnerables o frágiles. Los últimos días de una persona pueden ser los momentos en los que es más necesario que nunca sentir la cercanía de las personas que forman parte de nuestro entorno afectivo más próximo.

Así, se deberían replantear estas medidas restrictivas, tal y como se está haciendo en determinados hospitales y comunidades autónomas, para facilitar que las personas que fallecen estos días puedan ser acompañadas por sus seres queridos. No hablamos de eliminar las medidas protectoras, sino de adaptarlas para atender a las necesidades emocionales y espirituales que, sin duda, tienen tanto la persona como su entorno afectivo en esta situación. Es necesario, por un lado, tener presente que los cuidados al final de la vida implican algo más que el control de sus síntomas físicos y, por otro lado, defender el derecho que tiene una persona en esta situación a recibir el afecto, consuelo, compasión y atención espiritual.

No podemos permitir que la defensa de los valores más humanísticos de los cuidados dependa de iniciativas puntuales, aunque loables y dignas de admiración, restringidas a un determinado contexto o entorno geográfico. Tenemos que evitar la creación de nuevas desigualdades que únicamente se justifican por el lugar de residencia. Instamos a que el debate se dé a nivel estatal para que las medidas adoptadas se ejecuten en todo el territorio, sin importar el lugar de residencia o el nivel asistencial en el que la persona esté viviendo estos últimos días.

Somos muchos los que no hemos podido despedirnos de nuestros familiares. Son muchas las personas que han sufrido la doble condena de contagiarse por el coronavirus y haber tenido que finalizar sus vidas en soledad. No hay que buscar culpables ni liberar nuestra rabia e impotencia contra nadie. Es el momento de defender el derecho a que nadie se vea privado de un abrazo, una caricia, un consuelo en el momento de su muerte. Ni ahora, ni el futuro. Nunca más nadie muriendo solo.

Si la muerte es algo duro, morir solo es algo más. Estos días se está utilizando un lenguaje excesivamente bélico para hablar de la “guerra contra el coronavirus”. No es una guerra, es una prueba a nuestra humanidad, a nuestros valores como sociedad. El acompañamiento que damos a las personas que están falleciendo y a los miembros de su entorno afectivo más próximo es un gran indicador de ello.

Equipo técnico de Fundación Edad&Vida.

Esta sesión se centró en analizar el estado y necesidades nutricionales específicas de las personas mayores de 65 años en situación de necesidad de cuidados asistenciales, sin importar el nivel, esto es, sean usuarios de atención especializada domiciliaria, residencial u hospitalaria. Además, se presentaron y se debatió sobre las intervenciones y tratamientos específicos en cada nivel asistencial.

En ella, Federico Cuesta, del servicio de geriatría del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, subrayó que la situación de riesgo nutricional en el mayor viene determinada por la complejidad que supone el abordaje de una persona con múltiples patologías que vienen moduladas por un perfil de dependencia en diferentes aspectos (económicos, movilidad, soporte social y requerimientos nutricionales). En este contexto, el soporte nutricional permite en muchos casos mejorar el pronóstico y la recuperación física y funcional sin olvidar el efecto sobre la calidad de vida.

Además, recalcó que habitualmente se requiere una optimización de la dieta adaptada a los gustos y costumbres de la persona mayor, pero, sin embargo, en muchas ocasiones y debido a las enfermedades existentes es preciso alcanzar unos requerimientos energéticos más elevados que no pueden cubrirse exclusivamente con la dieta tradicional, lo que conlleva el empleo adicional de productos enriquecidos sobre todo con proteínas.

Por su parte, Elena Guedea, nutricionista clínica del Hospital Universitario General de Cataluña  del Grupo Quirónsalud, recordó que las personas mayores son muy vulnerables a la deshidratación y a la malnutrición y que son muchos los aspectos que acaban determinando la alimentación de estas personas (si viven solos o conviven con otros familiares, la situación económica, costumbres, hábitos o cultura alimentaria).

Por eso, se hace imprescindible realizar una valoración nutricional y analizar los factores que puedan incidir en una alimentación inadecuada, con el fin de conseguir un estado nutricional óptimo que proporcione el mejor estado de salud y bienestar y permita sumar a la longevidad una buena calidad de vida.

Asimismo, recordó que algunas de las causas de una alimentación inadecuada en las personas mayores son la pérdida de interés por la comida, la falta de apetito, la forma de cocinar ciertos alimentos, encontrar que es aburrida o poco atractiva la presentación en el plato, la utilización de cubiertos inadecuados en personas con problemas articulares en las manos, los problemas de masticación-deglución, los cuidados de la boca y el estado de las prótesis dentales o el deterioro cognitivo del paciente.

Finalmente, el director de Inforesidencias.com, Josep de Martí, centró su ponencia en la alimentación y la nutrición de las personas mayores en situación de dependencia y aportó soluciones de asistencia nutricional existentes a nivel nacional e internacional, así como requisitos y normas que se plantean desde las administraciones públicas para este tipo de atención.

Así, de Martí destacó que, al igual que otros aspectos de la asistencia sociosanitaria, en la nutrición y alimentación se está viviendo un empoderamiento de la persona beneficiaria, individualizando su atención y teniendo en cuenta sus gustos y preferencias.

No obstante, señaló que en este cambio encontramos algún obstáculo normativo que da más peso a los aspectos nutricionales o incluso, logísticos, de la alimentación que a las opciones personales como la capacidad de elección de una dieta o la implicación del usuario en la elaboración de los menús y los platos. Finalmente, concluyó diciendo que ambos aspectos deben coexistir en armonía, garantizando la calidad y seguridad de la alimentación y respetando la autonomía y preferencias de las personas mayores.

Les recordamos que tienen disponible en la web del Congreso todas las ponencias, pósters, documento de conclusiones e imágenes del evento.

Esta sesión se ha enfocado hacia los cuidadores familiares y a las nuevas necesidades que se plantean las familias españolas. Son precisas iniciativas innovadoras para responder a las nuevas necesidades de las personas mayores y sus familias. En esta sesión, se ha hablado de nuevas posibilidades de cuidados y de soporte a las familias con expertos de diferentes ámbitos, como la asistencia sanitaria, el urbanismo, el diseño y la tecnología que coincidieron en la necesidad de aplicar iniciativas innovadoras a la atención de las personas que precisan cuidados especializados para dar respuesta a las necesidades integrales que presentan estas personas en la actualidad, especialmente ante un escenario de envejecimiento y longevidad aumentada de la población.

María Rosa Valls, directora del Campus Mirasierra de Sanitas Mayores, habló de la oferta asistencial de servicios que pusieron en marcha dentro del formato Campus. Lo que se ha hecho fue crear grupos de trabajo trasversales en los que participaron personas de ámbitos muy distintos pero con una finalidad común: mejorar la vida de las personas que necesitan cuidados especializados. De esta forma, se puso en marcha el concepto Campus, un conjunto de plataformas de servicios que permiten dar a las personas mayores distintas opciones en función de sus necesidades, desde la residencia y los centros de día hasta los cuidados profesionales en el hogar.

Elisa Pozo, investigadora del grupo ABIO de la Universidad Politécnica de Madrid y coordinadora del proyecto UNI-Health EIT Health, habló del proyecto que están desarrollando sobre urbanismo y ciudad saludable en el distrito de Usera en Madrid. Pozo subrayó que la ciudad debe transformarse para incorporar en nuestro día a día el cuidado de las familias y señaló que España tiene una gran ventaja debido a su clima, cultura y abundancia de ciudades medias en las que se puede caminar a pie con facilidad.

El punto de vista del diseño en los cuidados especializados lo puso Lekshmy Parameswaran (The Care Lab), experta en diseño centrado en la persona y cuidados, quien destacó la necesidad de pensar en cómo rediseñar nuestras vidas para vivir cien años y más. Para ella, las claves son en primer lugar, escuchar con atención no solamente a los familiares, sino también a los profesionales; en segundo lugar, facilitar un diálogo y, en tercer lugar, co-crear desde el punto de vista del diseño.

José Murillo (Smart IoT Labs) aportó las posibilidades del “Internet de las cosas” y su aplicación a los cuidados con sus posibles aplicaciones. Así, apuntó al 5G, la Inteligencia Artificial, la robótica y el vehículo autónomo como elementos que ayudarán significativamente a las personas que precisan cuidados especializados, sus familias y cuidadores. Asimismo, Murillo señaló los costes, la interoperabilidad entre soluciones y la interactuación con los usuarios como los tres principales retos para que estas tecnologías puedan implementarse.

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  • Ante la imposibilidad de realizar ningún ritual de despedida debido a la situación actual la entidad ha elaborado una serie de consejos y recomienda concluir el proceso de duelo con una ceremonia convencional cuando sea posible
  • Recuerdan que la situación excepcional que vive la sociedad puede ocasionar mayor dificultad para sobrellevar el duelo

Barcelona, 6 de abril de 2020.- La Fundación Edad&Vida, entidad dedicada a mejorar la calidad de vida y bienestar de las personas mayores, ha elaborado un decálogo de cómo afrontar la muerte de un ser querido en soledad y considera de vital importancia que, cuando España supere la crisis del coronavirus, los familiares que hayan perdido un ser querido durante la misma puedan realizar la ceremonia deseada para darle el último adiós en familia.

Actualmente en España han fallecido más de 12.500 personas a causa del COVID-19, la gran mayoría de ellas, según la entidad “solas, sin tener a un familiar con ellas para poder darle la mano, o simplemente para sentirse acompañadas durante sus últimos instantes de vida”. Entre ellas, se encuentran muchos mayores, pero también gente más joven, con y sin patologías previas asociadas. Y es que, para los familiares de estas personas, hayan fallecido o no por coronavirus, el hecho de haberles perdido en estas circunstancias supone un duro reto que deben afrontar encerrados en sus casas. Muchos han visto a sus seres queridos por última vez sin si quiera saberlo y sin poder darles el último adiós. 

Así, desde la entidad aseguran que el hecho de no poder compartir con familiares y amigos el dolor que tienen en estos momentos miles de personas durante la cuarentena, hace que el proceso de duelo se vea afectado y se viva de diferente manera. Asimismo, recuerdan que, ante la imposibilidad de realizar un ritual de despedida, que puede agravar el dolor de estas personas que están pasando por momentos tan duros, es importante pensar que una vez finalice esta situación se podrán realizar estas ceremonias tradicionales que no se han podido llevar a cabo durante el estado de alarma.

En este sentido, la directora de la Fundación Edad&Vida, María José Abraham, señala que “gran parte de la ciudadanía se ha visto afectada por la pérdida de un familiar: abuelos, madres, padres, hermanos, tíos, primos, e incluso hijos”. “Hasta este momento siempre hemos vivido estos momentos en compañía y hoy tenemos que hacerlo solos”, apunta Abraham. “Ahora mismo no podemos celebrar ningún tipo de velatorio, funeral o entierro para recordar en comunidad a esa persona y mostrar nuestro afecto hacia ella y sus familiares, es fundamental sustituir estas prácticas actuales por otras que tienen el mismo objetivo”, subraya Abraham.

RECOMENDACIONES PARA SOBRELLEVAR EL DUELO

Por ello, la Fundación Edad&Vida ha elaborado una serie de recomendaciones con el objetivo de ayudar a la sociedad a sobrellevar la pérdida de un ser querido, una situación que se agrava al tener que permanecer en casa con motivo del estado de alarma impuesto en España.

Así, desde la entidad destacan que la realización de rituales individuales de despedida como preparar un escrito, una carta o dedicarle un dibujo a esa persona, así como crear un espacio de recuerdo, físico o virtual, son pequeños gestos que pueden ayudar de manera considerable a superar esa difícil pérdida.

Por otro lado, abogan por aprovechar las ventajas de la tecnología para realizar despedidas sociales a distancia que permitan homenajear al ser querido y expresar los sentimientos hacia él. “Podemos realizar videollamadas con amigos y familiares para compartir dicha despedida y hablar de los recuerdos que tenemos de ella, leer cartas escritas a la persona fallecida o compartir fotos, vídeos o música que nos recuerden a ella”, afirma Abraham.

Por último, desde Fundación Edad&Vida también recalcan que en los procesos de duelo suelen aparecer emociones intensas y negativas de soledad, tristeza, culpabilidad por no haber podido acompañar a la persona que ha fallecido, enfado, incomprensión o desamparo. En este sentido instan a “no reprimir estas sensaciones ni a compararse con nadie ni con otro duelo previo ya que cada proceso puede ser diferente, y mucho más en una situación tan excepcional como el confinamiento en nuestras casas”. “Hablar con las personas de nuestro alrededor y expresar las emociones y sentimientos nos puede ayudar a superar mejor estos momentos tan complicados”, recalca la directora de la entidad.

 

Para más información:

Fundación Edad&Vida

Almudena Pérez  Pedrayo: 600 516 064 / [email protected]

Blanca Ruiz Hervás: 617 43 38 95 / [email protected]

Estos días estamos viendo cómo los medios de comunicación se han hecho eco de una orden de la Consejería de Salud de la Generalitat de Cataluña y el Sistema de Emergencias Médicas (SEM) por la que se pide que los pacientes de más de 80 años no ingresen en las unidades de cuidados intensivos (UCI). Además, se están difundiendo casos concretos en los que ciertas personas, normalmente de edad avanzada, no están recibiendo los tratamientos especializados de ventilación mecánica. De igual modo, empezamos a conocer también casos de personas, igualmente de edad muy avanzada, que se recuperan estupendamente después de recibir esos tratamientos que niegan a algunos de sus iguales en edad.

Entonces, ¿qué decisión tomar? ¿Cuál es el criterio que prevalece? ¿Existe un criterio, a todas luces, discriminatorio para las personas de edad avanzada? ¿Hay un punto de corte en la edad según el cual se determina si “merece la pena” ofrecer tratamientos sanitarios? ¿Hay criterios económicos, de optimización de los recursos disponibles o de productividad social futura que estén interviniendo en esta decisión?

Desde este blog os invitamos a hacer una pequeña pausa en estos días de noticias espectaculares y dramáticas para reflexionar sobre ello.

En situaciones como la actual, en las que se prevé un desequilibrio entre los recursos disponibles y la demanda de ellos, se deben establecer criterios claros y consensuados que permitan obtener los mejores resultados posibles para la salud de los individuos y de la sociedad en general.

¿Cómo se establecen estos consensos? Normalmente, se constituye  un grupo de trabajo en el que un número significativo de profesionales de alto prestigio plantea esos criterios y pautas de optimización. En esta ocasión no ha sido diferente. Y es que al inicio de esta crisis sanitaria ocasionada por la pandemia del coronavirus, hasta veinticinco organizaciones sanitarias, sociosanitarias y docentes han consensuado un documento de recomendaciones generales para las decisiones éticas difíciles que deben adoptar los profesionales en estos momentos excepcionales. En ese documento se analizan diferentes factores y se ofrece una serie de recomendaciones en función de la situación de cada factor. Así, se analizan aspectos relacionados con la organización y los recursos, los que tienen que ver con las características de la persona y su situación clínica global y, finalmente, se recuerdan una serie de aspectos sobre la ética de las decisiones que no deben pasarse por alto.

Este tipo de recomendaciones, como las que se realizan desde los comités de bioética y/o desde los de ética asistencial, sirven para contribuir en el proceso de toma de decisiones de alta complejidad en situaciones con altos niveles de incertidumbres. Es precisamente en la atención y cuidados de personas en situación de fragilidad, como son las personas afectadas por el coronavirus, cuando son más necesarias estas guías para evitar la angustia en los profesionales que, aunque acostumbrados a este tipo de decisiones, nunca se han encontrado en una situación que implica decisiones de esta magnitud de forma tan rápida.

Esto no quiere decir que, con estas recomendaciones, los profesionales ya no tengan que tomar este tipo de decisiones. Son precisamente recomendaciones que no suplantan la autonomía decisoria de los equipos, sino que tratan de ayudarles en la reflexión conjunta del equipo.

Ante una situación que genera un conflicto ético y que precisa de una decisión importante, como las que estamos viendo estos días, los profesionales deben deliberar en conjunto. Esto es así para garantizar que se aporten diferentes puntos de vista que permitan abordar dicha situación de manera holística y para conseguir una adecuada corresponsabilización de la decisión y evitar que una única persona se sienta responsable de la misma. En dicha deliberación se deben tener en cuenta diversos factores para elaborar el árbol de decisiones posibles y, a la luz de los principios de la bioética (no maleficiencia, beneficencia, autonomía y justicia), analizar cada una de ellas para elegir la más óptima.

Entre esos factores, figuran aspectos relativos tanto al contexto personal de la persona afectada por la decisión (estado global de salud, contexto social, valores personales, creencias y necesidades espirituales, etc.) como a los factores económicos y de optimización de recursos disponibles, pues es obvio que toda intervención llevará asociado un coste tanto económico como de utilización de esos recursos.

La elección consensuada y pactada entre todos los implicados en la toma de la decisión vendrá determinada por el producto de un razonamiento argumentado en el que se han tenido en cuenta todos los elementos anteriormente comentados.

¿Cómo se aplica todo esto en épocas del COVID-19?

En primer lugar, debemos recordar que estamos ante una situación de enorme excepcionalidad en la que los recursos sanitarios, tanto humanos como materiales, son limitados y, en algunos casos, insuficientes para atender toda la demanda actual. No es el momento de buscar culpables, de hecho, es probable que no exista un culpable claro. Esta pandemia ha sorprendido a todos los países del mundo. Está ocurriendo lo mismo aquí, en Italia, en Estados Unidos o en China. En situaciones normales, los recursos con los que contamos pueden responder a las necesidades sanitarias de la población. Cuando todo pase, deberemos hacer un trabajo de reflexión compartida para analizar, por un lado, los aspectos que han fallado para cambiarlos y, por otro lado, los que han funcionado correctamente para optimizarlos.

De esta forma, tal y como recomiendan los colegios profesionales, sociedades científicas y hasta el Comité Nacional de Bioética, es preciso establecer criterios claros y consensuados para el conjunto de la población. No pueden existir diferencias sustentadas por ningún factor que no sea exclusivamente el clínico. Esto es válido tanto para las personas con coronavirus como para las que tienen otras patologías igualmente graves. En la toma de decisiones sobre intervenciones clínicas, siempre es preciso realizar una valoración integral de la persona, en la que se tengan en cuenta patologías previas y presentes en ese momento, además del pronóstico de recuperación y de vida tras la misma, para poder valorar correctamente la pertinencia de implementar una determinada intervención u otra, ajustando siempre los niveles de intensidad de los mismos a los beneficios que se pueden obtener con ella. No es otra cosa que valorar si la puesta en marcha de un tratamiento va a ser beneficioso o no para la persona. Si un tratamiento es especialmente incómodo e invasivo para una persona, como es sin duda la utilización de la respiración mecánica necesaria para los casos más graves afectados por el COVID-19, y no se espera un gran beneficio por el mismo debido a la situación clínica global de la persona, se recomienda utilizar otros tratamientos menos invasivos adaptados a su situación.

Evidentemente, tal y como nos confirman los diferentes casos que los medios se encargan de resaltar cuando se hacen eco de recuperaciones de personas de 90 y hasta de 100 años, la edad cronológica de la persona no puede ser en ningún caso la única variable que se tenga en cuenta, ni siquiera la que incline la balanza hacia una u otra decisión. Si no tenemos en cuenta estos aspectos, se corre el riesgo de caer en el denominado encarnizamiento terapéutico. Esto es someter a la persona a unos tratamientos que le generen altos niveles de disconfort y no le aporten una mejora significativa ni en su estado de salud ni, como decíamos, en su pronóstico de vida.

A modo de conclusión, queremos señalar la enorme dificultad que entraña tomar una decisión de la que depende la vida de una persona. Muchos de nosotros no querríamos estar nunca en la situación de tener que tomar una decisión que implique que una persona tenga alguna esperanza de vida y que otra no. No obstante, los profesionales sanitarios han sido entrenados para tomarlas en momentos con altos niveles de presión e incertidumbre. Confiemos en ellos, estamos en las mejores manos posibles y tratemos, por todos los medios, evitar caer en los relatos sensacionalistas que lo único que generan es miedo y desconfianza Nuestra calidad como sociedad vendrá determinada tanto por la atención que proporcionemos a las personas afectadas de alguna enfermedad grave con el objetivo de que se recuperen y mejoren sus niveles de bienestar y calidad de vida, como por los cuidados paliativos y de control de síntomas para aquellas personas cuya situación clínica, que no edad, sugiera que la mejor opción es dejarlas marchar con la mayor calma y dignidad que se merecen.

Equipo de Fundación Edad&Vida.